jueves 19 de noviembre de 2009

Graduación

Cerré la agenda telefónica e inicié un nuevo recuento mental de nombres y posibilidades con la mirada fija sobre la mancha de sol que iluminaba la pared. Nadie. Los pocos amigos y la familia: lejos, ocupados. Entonces recordé a Miguel y busqué su número entre los papeles apilados debajo del escritorio. Marqué. Me reconoció de inmediato y aunque no podía hablar mucho en ese momento aceptó la invitación.
Ya había olvidado el escalofrío que me provocaba su mirada. Nos pusimos al día mientras caminábamos hacia el salón. Cuando me llamaron me abrazó, me besó la frente, me deseó suerte. Estaba lista para enfrentar una sesión de preguntas redundantes que durante más de una hora pretendía resumir un año de trabajo y cinco de asistencia fiel y rutinaria que incluían mi emigración y el recorrido por varios trabajos. No tuve problemas. Salí mientras deliberaban. Miguel me esperaba con una taza de café y preparaba la cámara digital. Veinte minutos después, el catedrático nos invitó a entrar. Era el momento del protocolo, las fotos de Miguel y los abrazos de felicitación. Todo terminó. Había olvidado qué tibio era su abrazo. Caminamos hacia el parqueo. Me preguntó si iba para mi casa, si vivía donde siempre, si quería que me llevara hacia algún lugar. Le dije que no, mientras le acariciaba el rostro. Le agradecí los detalles y prometí llamarlo pronto. Esa tarde me había salvado de la soledad una vez más. Podía quedarse con el cambio. 

viernes 13 de noviembre de 2009

Through the rain in my eyes


sábado 7 de noviembre de 2009

Interlunio

El cuarto es noche sin luna. La luz que llega desde la sala se queda en la puerta, no se atreve a entrar. Le acaricia /como yo/los ojos. Le delinea/como mi mano/ el perfil.
Afuera suena una descarga. El silencio que le sigue es cuenta regresiva. Gritan las ambulancias.
Un poema es una ciudad en guerra/me dice. Pienso en Bukowski mientras las sirenas se apagan y el silencio corre calle abajo, tibio aún y oscuro.
Cierro los ojos para morir un momento: la tierra es su pecho/palpita/ la vida es su espalda/me aferro/la muerte es noche sin luna.
Afuera hay una mujer que no volverá a abrir los ojos.

martes 27 de octubre de 2009

Octubre



La revolución todavía tiene sentido cuando no se han cumplido 20 años y se puede escuchar hablar de ella hasta la madrugada, mientras se cierra la edición del único periódico de una ciudad pequeña y se cree que al otro día eso habrá significado algún cambio.
A esa edad, Árbenz es un descubrimiento; Cuba, un destino obligado; y la poesía: Castillo y Obregón.
Aún no se sabe que tener un hijo puede ser una mala noticia que nada tiene que ver con la consciencia social ni se conocen las otras connotaciones de traición, búsqueda del bien individual y deserción.
A los 20 años aún se puede creer que el fracaso de la Revolución es el culpable de que este sea un mal país, y se está a un paso de descubrir al prójimo, descubrirse a sí mismo, y darse cuenta de que se puede estar totalmente equivocado.

viernes 9 de octubre de 2009

Dilema





Puedo levantar ese teléfono
dar detalles para que todo se acabe por completo

Pedir silencio
Empezar diciendo que ganaron      
que me equivoqué         
que estoy bien

Reírme

Decir que por eso llamo
para oírlos reírse también
mientras le clavo las uñas al barniz de la mesa 
y giro la conversación hacia cosas que parezcan igual de triviales: 
como que renuncié a pagar la televisión por cable 
o que me robaron el paraguas en el autobús

Pero pensándolo mejor
podría mantenerme firme durante unos meses 
y hacer de esta historia un fracaso respetable

Decir su nombre sin inmutarme
simular el desgaste
irlos embarcando poco a poco en el olvido que me invento
en medio de este naufragio que me dejó su paso
fugaz 
intempestivo

Eso no sería difícil
yo misma he llegado a creer 
firmemente
en mis mentiras

para salvarme

domingo 13 de septiembre de 2009

Cuenta regresiva



Cuando den las tres de la tarde abriré la puerta
lo dejaré pasar

Recorrerá
sin mirarme
los rincones de la casa

Revisará con violencia debajo de las cortinas
hojeará los libros que están sobre la mesa
lanzará mis textos al piso
-así es de implacable-

Me dejaré llevar hacia la cama
revuelta

En silencio
sentiré su peso
esconderé el rostro
el ahogo
mientras me hable al oído
de las cosas que quiero olvidar

Buscaré con la mirada el reloj:
son las tres de la tarde
-gritará-

Entonces mejor cerraré los ojos
lo abrazaré
le clavaré las uñas
esperaré a que anochezca
a que deje de llamarse domingo
a que encuentre la ventana abierta
cuando decida largarse.

viernes 28 de agosto de 2009

Centro Comercial/quinto día




¿Podés sentir cómo tiembla todo el lugar por ratos?
Nadie parece darse cuenta

Todo está inmóvil:
los zapatos/ las muletas/ los himnarios/ los maniquíes sin cabeza

Sentí
Es ese cosquilleo leve que termina en la cadera
como si algo fuera a explotar a nuestros pies

Mirá cómo se mueve la gente
Tratá de imaginar qué es lo que les pesa

Son docenas/son iguales
Entran y salen de las tiendas
caminan entre los pasillos
respiran el aire artificial que mueve esas hojas verdes
que no crecen ni se marchitan

Son la ilusión creada por un círculo de vitrinas que los multiplica
los hace ubicuos
cuando, en realidad,
sólo es su reflejo
el que vaga por los almacenes vacíos

Eso que ves adentro, Sofía, es una de las modalidades del tedio
La conforma una fauna particular
que apenas puede moverse en pequeñas jaulas de madera y cristal

Ellos son el espectáculo que otros pagan y no ven

Mirá vos cómo dormitan en su esquina oscura
mirálos comer con la uniformidad que implanta la rutina
son los que se han acostumbrado a adivinar la hora
por las tonalidades que adopta el neón.

Mirálos desde aquí
No les busqués de frente la mirada
La inmovilidad y el encierro son la comida favorita de la rabia

Allí está el temblor otra vez

¿Lo sentís?

Es la vida, Sofía

Está allá afuera, y corre salvaje.